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La «Pastorcita» que juega entre gigantes: Josefina Suyayniy Tarcaya, la promesa del cestoball que nació en Humahuaca
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31/07/2026 •  👁️ 31 visitas
DE HUMAHUACA A LA SELECCION JUJEÑA

La «Pastorcita» que juega entre gigantes: Josefina Suyayniy Tarcaya, la promesa del cestoball que nació en Humahuaca

Josefina no es la única humahuaqueña que dejó la huella. De la Escuela Normal también fueron parte del seleccionado Camila Mendez (3er año), Brunela Gutiérrez (3er año), Fernanda Yulquina (4to año) y Kiara Yurkina (1er año). Cinco pibas de la Quebrada compitiendo de igual a igual.

Josefina no es la única humahuaqueña que dejó la huella. De la Escuela Normal también fueron parte del seleccionado Camila Mendez (3er año), Brunela Gutiérrez (3er año), Fernanda Yulquina (4to año) y Kiara Yurkina (1er año). Cinco pibas de la Quebrada compitiendo de igual a igual.

Hay una frase que se repite en los rincones del básquet argentino: «el que es chiquito, es picante». Pero en el cestoball, Josefina Suyayniy Tarcaya le agregó un condimento extra: la picardía de la altura, la astucia de la que creció en las laderas de Humahuaca.

«Me sentía una pulga», confiesa entre risas esta joven de 15 años, alumna de la Escuela Normal República de Bolivia (2° año, 4ta división), cuando recuerda su paso por el seleccionado de San Salvador de Jujuy que compitió en Santiago del Estero. Enfrente tenía jugadoras de Capital Federal, Tucumán y Buenos Aires. «Son muy altas», dice. Pero ella encontró la vuelta: «Los pases los daba entre medio de los brazos, por el piso, y ahí tenía que sacar al otro equipo».

En la foto con la con la Chichi Labake jugadora del seleccionado mayor

El origen de todo

La historia de Josefina en el cestoball arrancó en primer año, de la mano de la profesora Verónica Morales. «Me enseñó los lanzamientos, los tiros, los pases. Ya venía de la escuelita de básquet, así que más o menos la tenía clara», recuerda. La profe Vero la fue a ver jugar contra Capital Federal, y desde la tribuna saltaba, animaba, vivía cada pelota como propia.

Después vino la “profe Miriam”, que hizo un preseleccionado en la escuela. «Nos ponía a hacer tiro, lanzamiento, pase, los pasos, el pivot. Y ahí iba viendo quién sí y quién no».

Una pulga… pero brava

Si hay un partido que Josefina guarda en el corazón, es el que jugaron contra Capital Federal. «Estábamos ahí, ahí nomás. Palo a palo». Tanto que hasta el comentarista del partido lo notó y destacó el espíritu de las chicas. «El deporte es así», dijo, y el papá de Josefina, Roque, todavía se emociona al recordarlo.

«Ella se sentía feliz con las chicas, decíamos: vamos, vamos, sigamos cantando», cuenta Roque, jugó al futbol en Zapla (Palpala) y sabe lo que es tener un sueño deportivo y quedarse a mitad de camino. «A nosotros nos faltaron un par de manitos que nos aconsejen, unos empujoncitos. Hoy tenemos a los chicos y estamos nosotros para empujarlos a ellos».

El sacrificio de las donas

Porque detrás de cada pase, de cada tiro al arco, hay una historia de esfuerzo que pocos ven. Parte de la familia de Josefina es de Huacalera y para costear los viajes, la comida, la energía que gasta una adolescente que entrena toda la semana, hacen donas y las venden*.

«Hacemos sacrificio con la familia», dice Roque sin vueltas. «La Jose con su mamá hacen donas y venden en Huacalera. Con eso también alcanza, porque no es solo el pasaje, tienen que comer, los chicos gastan energía. La mala alimentación que tenemos acá es lo que un poquito le frena, pero las actitudes las tenemos».

Sexto gol: el deporte que pocos conocen

Para el que no sabe, Josefina explica: «El cestoball es más cansador que el básquet. Tenés que estar todo el tiempo atenta. Y la pelota pesa 735 gramos. «Casi un kilo», dice.

El apodo que la persigue

En Santiago del Estero, el apodo le quedó PASTORCITA, «Cuando se daba la oportunidad de meter el gol, la profe decía: ahí viene la Pastorcita», cuenta entre risas.

Y es que Josefina Suyayniy Tarcaya — Suyayniy significa «Esperanza mía» en quechua— baila la Pastorcita cuando no está en la cancha. Es su otro hobby. «Mi hobby es hacer básquet y de vez en cuando, bailar», dice. «Eso no lo saco del papá», aclara. «El papi es medio pataduras».

Mirando al futuro

«Vamos a terminar de estudiar», dice firme. «Y de ahí sigue el cestoball, sigue el básquet, más deportes. Ojalá poder llegar más lejos, que esto sea como un escalón y seguir subiendo».

Su papá Roque le transmite todos los días lo mismo: «En esto de esta parte del país no podemos dejar pasar ninguna oportunidad. No estamos como en el sur que tiene más posibilidad de todo, más llegada, más competitividad. Acá es difícil y la tenemos que aprovechar al máximo».

Y mientras tanto, Josefina entrena. Toda la semana. Viaja. Y cuando le preguntan qué les dice a los que la apoyan, responde con una madurez que sorprende:

«Muchas gracias a toda la gente que nunca me dejó sola. Ojalá poder llegar más lejos».

Que así sea, Pastorcita. Que así sea…